martes, 21 de junio de 2016

DE LA AUTOAFIRMACIÓN DEL YO A LA APERTURA DEL SER: ALGUNAS CONVERGENCIAS ENTRE MARTÍN HEIDEGGER Y CARL JUNG.







Las épocas van caracterizándose por ciertas maneras de pensar y obrar, circunstancia que se constituye en motivo de reflexión de los pensadores de esos tiempos. Así, dos de ellos, como Martín Heidegger (1889-1976) y Carl Jung (1875-1961) y desde ámbitos diferentes, intentan acercarse a sus problemáticas acuciantes y singulares. Ambos, y a pesar de no tener acercamientos intelectuales directos, parten en sus obras de filósofos que son comunes como Heráclito, Meister Eckhart, Hölderlin, Nietzsche, el taoísmo, el zen. 
Pero para conocer con mayor especificidad sus aproximaciones a esta temática comenzaremos por Martín Heidegger. Este pensador entiende que la actualidad se encuentra bajo el dominio de la técnica, forma donde se da primacía a la cuantificación y al mandato del querer en su utilización de la naturaleza y también de  los hombres. Predominio del cálculo y de la eficacia en el control de los objetos. Universo de cosas, depósito de entes a ser utilizados y disponibles que ha olvidado el preguntar por el ser y que solo se interesa en su uso.
Heidegger, y retomando Hölderlin, dice que "los dioses han huido", dejando al ser oculto tras una fachada y con la pérdida del sentido y de sí, en un estado de alienación, sin la dimensión del misterio y de lo sagrado.
Frente a estas singularidades de lo epocal, Heidegger plantea una inversión, dándole la oportunidad a que eso que está oculto, el ser, que se exprese, hable, y que lo haga en un decir que está más allá de la voluntad del hombre, entablando un diálogo con eso otro que se va desplegando.
Recuperación y reencuentro de un lugar en donde el habla puede abrirse, pero para ello es necesario soltar los objetos-entes, dejarlos ser sin pretender dominarlos ni que nos dominen. Dar espacio a eso que llama y convoca en una escucha receptiva para ir apropiándoselos y darles cabida en mi existir-siendo.
Así es que se propone como una ruptura con lo autoimpuesto del mandato, a fin de hacer un habitar en el recuperar un sentido. Florecimiento en un espacio que se convierte en casa, donde se le da la palabra a lo que adviene, a eso que mana y fluye. Ahí llega lo que es y lo que no es, lo ambiguo y que se muestra en su presencia paradojal. Cuestionamiento del principio de identidad y de no contradicción de la lógica para arribar a un pre-pensar.
Acontecimiento y revelación del ser que llega sin buscarlo, ya que es un don gratuito y que se ofrece sin mérito de la voluntad. Así deja de ser el pretendido dueño de los entes-objetos para convertirse en pastor del ser en un hábitat poético desde donde puede arraigarse a través del lenguaje. Ámbito de lo creativo y de la escucha de lo originario, de lo que siempre estuvo ahí pero velado por la técnica, la mercantilización y la voluntad de imponerse. 
La serenidad, es decir el desasirse de los objetos y de su dominio dejándolos ser, es el camino que postula Heidegger para el encuentro de "todos los sitios santos en un sitio único" al decir de Hölderlin.

Por su parte Carl Jung piensa que en las actuales sociedades se ha dado una pérdida de los símbolos que otorgan sentido y dirección a la vida. Entiende que predomina una sobreacentuación  de la razón instrumental y que ha conducido a una primacía del yo. Instrumentación y dominio del pensar técnico distanciándose de lo vital.
Jung considera que la actividad psíquica va desplegándose en una serie de manifestaciones fundamentales que son los símbolos. Estos son la expresión de algo no del todo conocido o presentido, que aparece fuera de la voluntad del hombre, como una formación de lo inconciente, abierto a una multiplicidad de interpretaciones. Aparición de la paradoja y de un otro pensar que no viene del yo, que es extraño y que no solo voca sino que convoca a entablar un diálogo con sus infinitas posibilidades. Tensión de lo diverso y opuesto, lo que está grávido de significación y que me mueve a pensar y actuar. Es lo numinoso y dinámico.
No es posible forzarlo a que se presente sino que llega como un don a través de la receptividad del yo que se ha descentrado, en una escucha de lo que emerge de los sueños, los actos fallidos, la imaginación, la transferencia y otras manifestaciones de lo inconciente.
El símbolo implica imágenes de meta y de sentido y que se establecen como la oportunidad para que el yo inicie una discusión con ellas en la asunción de algo que habla más allá de él. Asimismo, por esos sentidos múltiples y por la coexistencia de los diferentes opuestos, crea la ocasión para salir del subjetivismo del yo, iniciando un andar que Jung llama proceso de individuación y que permite un ir apropiándoselos para hacerse singularidad.
Camino, desarrollo que no es lineal sino de un transcurrir espiralado y alrededor de un centro más allá del yo, de transformaciones que remedan una muerte y un renacimiento. Por ello es que eso que emerge como símbolo remite a lo originario, a lo que retoma el fluir de lo vital en una renovación.

Para terminar pensamos que es de interés establecer algunos de los puntos de contacto en la obras de estos dos pensadores y así intentar encontrar algunas convergencias:
1). Tanto Heidegger como Jung se convierten en críticos de lo epocal ya que esta vacía al hombre de sentido, de lo sagrado y del misterio. El cálculo, la eficiencia, lo mercantil son sus características principales.

2). Ambos postulan que en lo epocal actual se establece una primacía del yo cartesiano, por ello es que retoman toda una tradición de pensamiento que vuelve a los presocráticos, especialmente a Heráclito, y a lo mitopoético.

3). Para Heidegger "el habla habla", es decir se despliega más allá de la autoafirmación, poniéndose a la escucha en un desasimiento de la voluntad y del control de los entes, para dejar venir a la presencia lo que voca, en tanto como una apertura a lo que llega como un don.
Por su parte Jung señala que los símbolos van expresándose como formaciones de lo inconciente, que van emergiendo desde un centro al que denomina Sí mismo. Ellos están grávidos de significación y de posibilidad. Son esbozos de futuro y de proyecto, de lo todavía no y que hasta pueden ir en contra de las intenciones del yo.

4). Ese otro pensar Heidegger le da el nombre de pensar meditativo, rememorante o poético. Jung propone a la "imaginación activa" como manera de dar cabida a lo que llega a un espacio que no es el yo.

5). Lo extraño, lo negativo, no se lo rechaza, sino que se entabla una discusión para su integración sin excluirlo ni reprimirlo, abriendo a lo nuevo.

6). Heidegger busca un habitar poético  a ese fluir del habla, en donde el lenguaje se hace casa del ser. Jung pretende un sitio que no es físico al que llama mandala, utilizando un término en sáncrito que significa círculo mágico.

7). El dejar el yo de la autoafirmación conduce a una despedida, a un ocaso en el decir de Heidegger, para arribar al abismo-nada. Momento de un tránsito por la angustia ya que de abandona lo habitual. 
Para Jung ese "descenso", y que evoca a través de los más variados relatos míticos y de su experiencia clínica, es un retorno a un inconciente polivalente indiferenciado, de potencialidades y, utilizando el nombre que le da Goethe, lo llama con la metáfora de "Las Madres" y en donde emergen todas las formas. Experiencia cercana a la muerte, pero de manera simbólica, con un matiz de lo iniciático y transformador. Apertura del ser.

Así ambos postulan superar el encierro del subjetivismo del yo para confrontarse con lo abierto del ser, de lo nuevo y de lo que se inicia, dejando llegar a eso que irrumpe y que en Heidegger es el habla y en Jung son los símbolos como un acercamiento a la lejanía o ventana a la eternidad. Heidegger describe al hombre como un pastor del ser, mientras que Jung, utilizando la metáfora de los alquimistas, como un "servidor de la Piedra", es decir de eso pleno de posibilidades y de sentido.

Bibliografía:

Heidegger, Martín: De camino al habla. Barcelona: ODOS, 1979.
Heidegger, Martín: Camino de bosque. Madrid: Alianza, 2003.
Heidegger, Martín: Sobre e comienzo. Bs As.: Biblos, 2007.
Jung, C.G.: Respuesta a Job. México: FCE, 1964.
Jung, C.G.: Mysterium Coniunctionis (I-II). Petrópolis: Vozes, 1997.
Jung, C.G.: Símbolos de transformación. Barcelona: Paidós, 2008.
Mujica, H.: La palabra inicial. Bs. As.: Biblos,2010.