jueves, 29 de julio de 2010

Reflexiones acerca de dos cartas del tarot de Marsella.

El Mago. Tarot de Marsella.


Es posible entender a la vida humana como una travesía, un viaje, en donde los hombres se confrontan con fuerzas interiores y exteriores que van marcando y señalando caminos que algunos han dado en designar como destino, vocación. Ese llamado, ese vocatus, esas voces que en un principio son extrañas y a veces solo un susurro, pueden ir iniciando un despliegue de posibilidades vitales. Es aquello más íntimo y secreto que se expresa no en la razón utilitaria sino en las imágenes oníricas, en ciertos presentimientos y hasta en sensaciones viscerales, donde dicen y a la vez ocultan.
Asimismo no son fáciles para entablar un diálogo, de escucharlas y esto porque hacen a lo más peculiar y a lo que Jung denomina
sí-mismo, y que al apartarse de lo interpretado socialmente se presentan como angustiantes, por lo que pueden ser ignoradas o rechazadas activamente. Pero, y esto es uno de los más importantes descubrimientos del psicoanálisis, todo lo que se reprime retorna como síntoma.
Por esto es necesario que los hombres descubran que no son huérfanos y que se encuentran como eslabones en una cadena simbólica con los arcaicos ancestros de su género y pudiendo estos convertirse en mentores de iniciación. Así es que se los humanos han elaborado estas vivencias que hacen a un transitar hacia sí mismo a través de distintas expresiones que brinda la cultura y que hasta cierto punto coinciden con las experiencias que caracterizan al psiquismo individual. Ellas se inscriben en un devenir, en un fluir que amalgama lo socio-cultural y lo personal para llegar a ser quien auténticamente se es.
Entonces, y para tal fin, es que haremos mención a dos cartas del Tarot de Marsella y en las cuales es posible percibir toda una serie de símbolos que pueden ir, en tanto sean percibidos y meditados, despertando y estimulando energías e imágenes arquetípicas. Los símbolos que allí aparecen conforman un momento de ese transcurrir, pero queremos hacer incapié especialmente en dos naipes que cuyo contenido central constituye a la masculinidad.
Si bien ellas tienen elementos que remiten a su significación específica, es posible entenderlas como
símbolos o como la mejor forma y expresión de hechos psíquicos desconocidos y a través de la analogía. Estos están cargados de significación y la tarea del hombre será la de extraer el sentido que poseen en una relación dialógica. Ellos aluden no definen, no son conceptos sino imágenes, por lo que instigan al pensar pero también al sentir y al intuir a través de una expresión sensible de colores, formas, metáforas, etc. Su manifestación hace a una de las peculiaridades fundamentales de los humanos y en donde su confrontación conciente puede señalar caminos vitales en las dificultades y crisis de la existencia.
Las cartas del Tarot muestran estos momentos, por lo que la discusión dialéctica con ellas da la ocasión para que se activen los contenidos arquetípicos que se catalizan por medio de los naipes.
Ahora bien, intentaremos acercarnos a dos de la cartas de este enigmático juego y quizá dejando momentáneamente un aspecto principal que es la evolución y transformación de las distintas figuras del mazo. Transcurrir por los diferentes arcanos mayores se presenta de manera semejante al proceso de individuación, es decir a una confrontación dialéctica con las diferentes imágenes que van emergiendo de lo inconciente para su asimilación e integración y en un desarrollo desde lo indiferenciado a una mayor concientización de los símbolos arquetípicos y que constituyen el
sí-mismo.
Entonces, la carta n°1 da inicio a este proceso y que es
El Mago, figura que pone en juego los dinamismos arquetípicos, que como lo inconciente, genera imágenes y fuerzas. Aquel lleva un sombrero con el emblema del infinito, es decir de la totalidad, y que a través de amores y odios, fascinaciones y repulsiones, visiones y sueños, posibilita que el yo tenga que prestarle atención e intentar comprender qué es lo que le está pasando. Puede ser una crisis, un fracaso amoroso, un éxito al que se teme y en donde la circunstancia hace que los hábitos caracterológicos que hasta ese momento permitían afrontar la vida sufran un resquebrajamiento y comiencen a infiltrarse esos símbolos, fuerzas, sensaciones, y que son puestas en acción por El Mago con su varita.
Pero lo interesante es que este no es solamente un proceso destructivo, sino el inicio de una transformación y tal como aluden los objetos que se representan sobre la mesa, en especial la esfera amarilla que sostiene con su mano derecha. Ella es una simbolización del
sí-mismo, de aquello que en su despliegue se llegará a ser como la singularidad más íntima de la personalidad. Su color hace a lo solar, a la conciencia que conoce y auna los diversos pares de opuestos que deberán ser integrados. A su vez, el cuchillo también alude a lo que discrimina y diferencia en un trabajo intenso.
Pasando a la otra carta que nos interesa por su acercamiento a la masculinidad, nos remitiremos a la n°4,
El Emperador. Ahí se observa a un personaje coronado que en su mano derecha sostiene un cetro con una esfera en su punta que termina en cruz y a su lado un águila amarilla. Esta figura expresa la necesidad de al dar comienzo del proceso de individuación una afirmación en la realidad, en lo terrenal. El cetro amarillo y la esfera conlleva la determinación de ir aceptando e integrando concientemente, y en una decisión, las imágenes y dinamismos que se van configurando. La autoridad, la energía, la resolución de expresar las fuerzas masculinas que comienzan a surgir, lleva a que se produzca un cierto enfrentamiento con formas psicológicas antiguas, con habitos infantiles y familiares que solo pueden ser superados en tanto se establezca un contacto con símbolos masculinos que impliquen iniciativa, coraje y hasta ferocidad.



La esfera del cetro alude a la meta que no debe perderse de vista que es la realización de sí y la conjunción de las diversas oposiciones que constituyen al psiquismo. Trabajo este que requiere esfuerzo, confianza y vigor concientemente asumidos. Pero lo que se hace necesario destacar es que estas imágenes en tanto son catalizadoras de dinamismos arquetípicos, deberán ser asumidas e integradas pero como distintas y diferenciadas del yo, ya que en caso contrario se establece un estado narcisista o de inflación. Por ello es que el proceso de individuación es la ocasión para un encuentro e integración con todo ese territorio de potencialidades, pero a su vez, de una distancia desidentificadora con estas. Lo arquetípico es algo común a todos los hombres, un tipo, y solo se le otorga una conformación individual a través de su personalización, de darles una peculiaridad propia, circunstancia que es posible en tanto se los asuma concientemente.



Así es que las dos cartas que hemos presentado, se presentan como portadoras de imágenes y fuerzas que son características de la masculinidad arquetípica. El Mago es la expresión de la activación de ese sector que genera, articula y compone imágenes y símbolos más allá del control de la conciencia. El temor, la desconfianza y la angustia, hacen a su encuentro, ya que aquel actúa según sus leyes y designios y donde el control yoico y voluntario se relativiza.



Pero justamente a partir de esto se comienza a percibir una intención desconocida que permite una apertura y descubre caminos hasta entonces no transitados. La segunda carta, El Emperador, concretiza este mundo imaginal y donde como símbolo masculino abre hacia aspectos arquetípicos que trascienden al yo. Su encuentro lleva a que los varones puedan saber a donde se dirigen, cuales son sus deseos más íntimos y qué es lo que voca en su vida a fin de encontrar un sentido más allá de las alienaciones culturales y familiares.

martes, 13 de julio de 2010

Símbolos y energías masculinas en la figura del dios hindú Shiva.

Shiva danzante. Siglo XI d. C. (Arte Chola).



Desde la psicología analítica se postula que el psiquismo humano se desarrolla y manifiesta como un interjuego dinámico entre los más variados pares de opuestos. Esto se hace posible por la actividad de las representaciones simbólicas que se originan en aquellas fuentes matriciales que son los arquetipos.

Las civilizaciones, especialmente cuando se convierten en alienantes, pierden el contacto con ese fundamento pulsional y simbólico que es lo inconciente colectivo. Así es que las identidades que van estructurando la personalidad se proyectan y se constituyen a partir de lo que se desea ser según cánones propios o ajenos, y no desde lo que auténticamente se es. De aquí se da la ocasión para la emergencia de situaciones psicopatológicas ya que lo conciente y lo inconciente se desenvuelven hacia metas distintas y hasta antagónicas.

Pero es en la identidad masculina donde van surgiendo símbolos y dinamismos arquetípicos que no siempre son aceptados por la cultura en donde aparecen, y en donde los estereotipos que se imponen llevan a circunstancias de problematización tanto personal como social. Pero a su vez existe la oportunidad de encontrar estas manifestaciones arquetípicas en el tesoro de las representaciones míticas y para ello nos parece interesante hacer algunas acotaciones sobre una figura del panteón hindú como es el dios Shiva, el radiante o el dichoso, y podrían convertirse en un punto de discusión en lo referente a la búsqueda de la masculinidad.

Para ello hay que destacar que es la expresión de un personaje de carácter ambiguo, de aspectos luminosos pero también oscuros, antinómicos y paradójicos, siendo esto semejante a algunas de las cualidades que hacen a lo inconciente. En la medida en que el hombre pueda de alguna manera establecer contacto con esas fuerzas e imágenes arquetípicas le es posible asimilar e integrar todo un vasto sector psíquico que le es que es desconocido y por lo tanto inconciente. Para tal fin las expresiones artísticas y míticas se transforman en los medios que permiten el despertar de esos símbolos que se hallaban en estado potencial.

La figura de Shiva da curso a imágenes y energías que son dificiles de integrar por los varones en la cotidianeidad. Así facetas y cualidades oscuras, destructivas, de desequilibrio de lo estable y de lo establecido son partes de su actividad y en donde para que la realidad del cosmos siga su curso es necesario que las formas sean disueltas para ser transformadas y justamente Shiva es quien lleva a cabo esta tarea. A través de su danza se ponen en movimiento el fluir del universo con ganancias y pérdidas, con la destrucción y con la creación. Por ello es que entre sus nombres se lo menciona como El Gran Tiempo.

Esto será un aspecto de problemática integración en la vida de los hombres ya que el cambio y la transformación suponen la angustia y que hace a un momento de paso o de pasaje de un estado a otro y en donde se abandona lo viejo para dar lugar a la incertidumbre de lo renovado. Es el que se presenta en algún momento de la vida como el que va a desencadenar una crisis, con todo el sufrimiento que ello conlleva. Su cercanía con lo infernal alude a estos aspectos y por ello es que se lo llama Señor de los duendes.

Pero también este dios es el maestro de la meditación y del ascetismo, es decir quien conduce al recogimiento y al pensamiento para saber lo que debe caducar y asumir el riesgo de dejar las seguridades de lo establecido. Por esto su enseñanza de la transitoriedad de los seres y la necesidad de comprensión de este proceso.

Otra de las cualidades que hacen a su veneración es su forma de linga o de falo sagrado, circunstancia que alude a su potencia generativa y fecundante pero sin dejar de señalar a la expansión del placer de lo sexual. Energías estas que son partes constituyentes de los varones y de su necesidad de asimilarlas y en donde el falo ya no es solo aquello que culmina nada más que en una relación sexual sino que propone una conjunción con lo opuesto a cada uno, a reencontrar lo femenino psicológico y que Jung denomina como anima. La representación plástica que presentamos muestra al dios con un aro masculino en su oreja derecha y otro femenino en la izquierda, alusión a que las dos características sexuales son parte de su ser. Así es que en el pensamiento hindú se le da el nombre de Shakti a su pareja y consorte divina.

Potencia de lo sexual que señala a la unión de lo separado y a percibir imágenes y fuerzas que van más allá del control yoico. Situación esta que es indicada por la larga cabellera desgreñada, mostrando que su ámbito de actividad va más allá de lo apropiado, de las buenas costumbres, de la domesticación que establece la convención y moralidad de los social. Es un mendigo que peregrina, que deja lo que ata para encontrarse a sí mismo, en un deambular que significa los más variados estados del ser a descubrir y conocer, manteniendo la libertad ante lo creado y que se indica por el pie izquierdo cuyo talón está levantado.

Pero así como destruye también posee la misteriosa energía creadora que es señalada por los brazaletes que llevan sus brazos y tobillos y que son serpientes vivas simbolizando la energía creadora de dios o kundalini. Por esto es que hace a un despertar de un estado de inconciencia para ir ascendiendo por los distintos chakras que hay en el cuerpo de los hombres y arribar a un estado de iluminación y de unión con lo divino y siendo posible entenderlo como lo que en la psicología analítica se llama proceso de individuación, es decir de llegar a ser sí mismo.

Así es que la figura de Shiva se convierte en la expresión de símbolos y fuerzas que pueden transitar por el cuerpo y la psíque de los varones y reconociéndolas como ajenas al yo. La transformación, el cambio, lo femenino y la potencia sexual creativa en todos sus aspectos, el salir de los estereotipos masculinos que lo alienan. Su acción pareciera que hace a la paradoja y a lo antinómico, muy distinto de la unilateralidad de los roles cosificados que constituyen las mascaras de los hombres.

Es decir que Shiva muestra aquello que circula y atraviesa como ,y por lo tanto universal, aspectos de la masculinidad que no se desarrollan, se conocen ni se integran. El hombre poco domesticado, intuitivo, espontáneo, que se guía por los signos y voces de eso que se llama inconciente, que puede comprender a través de un pensar meditativo la posibilidad y la necesidad de integrar los aspectos oscuros, de todo aquello que tan intensamente representan las imágenes de Shiva cuando su cuerpo se cubre de cenizas que son los restos de lo que dejó de ser pero también de la vida que puede recomenzar. Que es el pasaje de energías que hacen que la existencia se torne enriquecida aunque con riesgo, y que pertenecen a lo irracional numinoso. Lo húmedo y lo fangoso, lo que se descarta, los mitos, los relatos folklóricos, el arte, los sueños, pueden expresar a través de sus formas todo este potencial que da la oportunidad al varón de entablar un diálogo fecundo e integrador con esos aspectos de su psiquismo que pueden ser causa de temor, ya que no entran dentro del canon cultural, pero todo ese sector que hace a lo imaginario y simbólico con sus motivos arquetípicos y por lo tanto de sentido, se pueden convertir en la ocasión de asimilar esas energías que han sido desplazadas y hasta reprimidas.
Su conocimiento, su confrontación de por sí nada fácil, se transforma en la tarea y meta de la individuación, es decir del encontrarse consigo mismo y, especialmente, con algo mayor y superior al yo (no debe dejarse de mencionar que lleva el nombre de El de los tres ojos). Se rompe el encierro narcisista y alienante para recrearse por lo que se conforma como fundamento del hombre: lo superior y lo inferior, la vida y la muerte, la creación y la destrucción y que son los momentos que en tanto sean ocasión de simbolización pueden establecerse como la enseñanza del dios, que siempre peregrina y que siempre danza como buscador eterno de la verdad y que da la posibilidad de que los hombres se incluyan en este movimiento que toca todas las facetas de la existencia.

domingo, 11 de julio de 2010

Lo transpersonal masculino en dos relatos mapuches.

Guor. (Zorro). Tejido ranquel.



Para mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo.



Los mitos, los cuentos, los relatos, actúan como activadores de estratos psicológicos muy profundos que hacen a lo inconciente arquetípico. Estos son los fundamentos de la psíque que se constituyen en formas de significación en la vida de los hombres. No es por azar que durante el transcurrir de los siglos y en las más diversas sociedades se perciban temas y motivos semejantes en sus producciones simbólicas ya sean estas orales, escritas, plásticas, etc., y que su aparición responda a profundas necesidades humanas.


Ernst Cassirer entendía al hombre como un animal simbólico donde la posibilidad de generar símbolos le daba su cualidad humana. Asimismo son de importancia principal en las situaciones de crisis y momentos fundamentales de los hombres, ya que otorgan un sentido y la posibilidad de enfrentarlas de manera creativa, despertando energías que van más allá de sus referencias yoicas y voluntarias que hacen a su sola razón instrumental. Dinamismos e imágenes se imponen y hasta subyugan con la cualidad de un otro que caracteriza a lo inconciente arquetípico. Estos se constituyen como los cimientos del psiquismo y son ese fondo matricial que origina las peculiares formaciones simbólicas tanto a nivel personal como en una cultura determinada y dando oportunidad de un intercambio creativo y transformador entre esta y los individuos.


Pero asimismo, y como antes hicimos referencia, son aquello que conforman a las personas o sujetos y ese aspecto central que en su devenir vital posibilitará a la asunción de la masculinidad en los varones.


Ante cierta dificultad, tal como se da en las sociedades modernas de postularse creativamente con la propia identidad, el surgir de símbolos e imágenes arquetípicas pasan a ser de importancia central para el conocimiento de sí mismo y en el despertar de la subjetividad. La masculinidad es cosa de varones, es decir que hace a una cierta cadena simbólica y transpersonal entre los jóvenes y los ancestros. Para esto los antiguos ritos de iniciación han desempeñado un rol fundamental. Ahí no solo se desestructura una identidad infantil ligada a lo materno, sino que se da el ingreso al mundo espiritual y simbólico de lo masculino. Las pruebas que allí se llevan a cabo y que implican sufrimiento y castigos, incisiones y hasta mutilaciones, representan la muerte de lo antiguo y el paso a la recepción de los mitos y relatos, de las representaciones plásticas con sus significados peculiares y secretos del universo varonil adulto.


Lo masculino está ligado a lo cultural-social y por lo tanto implica una plasticidad de variantes mucho más extensas que lo femenino y en especial a lo materno, siendo los símbolos arquetípicos los que nos guiarán por este ámbito del genero. Así es que para ello haremos una sucinta referencia a dos relatos mapuches en que la discusión con la masculinidad se convierte en su principal motivo.


En el primero de ellos se cuenta que un viejo llamado Latrapay tenía dos sobrinos a los que se le impone como tarea el derribar un roble altísimo con dos hachas. Como estas son herramientas comunes les resulta imposible cumplir con su misión, entonces ruegan al Tokipillán, es decir al hacha del dios Pillán que les envíe dos mágicas para llevar a término su tarea. Luego de pedir cuatro veces al dios, las hachas descienden de las alturas y con ellas derriban al roble.


Pasando entonces a la interpretación del relato hay que mencionar a la figura del Pillán que era un dios arcaico que lleva el linaje de los ancestros y que mueve el rayo y desencadena el trueno, habita en los volcanes y maneja el fuego, es una fuerza que posee mana, numinosidad. Asimismo su arma es el hacha, símbolo de su poder y que adquieren quienes lo llevan.


Así entonces, los dos sobrinos del viejo Latrapay, deben cumplir con una prueba, derribar un roble, señalándose el obstáculo que deberá ser superado para arribar a la masculinidad, propia de las situaciones iniciáticas. El viejo introduce al joven, pero para cumplir una proeza casi imposible, derribar el roble y esto podría simbolizar una castración simbólica, árbol-falo, de la muerte del niño apegado a la madre pero para ello será necesario que las hachas sean entregadas por Pillán con su poder intrínseco o sustancia simbólica. Las comunes ya no sirven, es decir que es necesario que haya un cambio de nivel ontológico y que hace a lo espiritual de la masculinidad, es decir que se debe ser algo más que carne y hueso.



Es de recordar que Pillán también era un tótem o sea el antepasado común. Su expresiones simbólicas eran el rayo, el trueno, la violencia, el fuego, los sacrificios, como algunas manifestaciones de lo masculino numinoso a alcanzar por los dos jóvenes. Pero para ello será necesario el sentir y vivenciar ese poder que va más allá de lo inmediato del yo infantil.


Y aquí es donde se percibe la acción de los arquetipos y que solo poniéndose en contacto con ellos y comprendiéndolos se puede arribar a una identidad adulta y de significación. El relato al contarlo opera la activación de aquellos y cumple una función que podría entendérsela como de iniciática.


Pasaremos entonces al segundo relato donde se narra que un joven pretende tomar por esposa a la hija de un muy reconocido alfarero, un chalalafe, pero este le impone como condición la solución de ocho adivinanzas en donde no solo estará en juego su desposorio sino también su vida. La gran dificultad de aquellos lo lleva a la desesperación, pero la llegada imprevista de un cuervo y que el pretendiente reconoce como el espíritu de su abuelo guerrero muerto le otorga el don de la invisibilidad. Así es que entonces puede escuchar por boca del alfarero las respuestas que serán la solución exitosa a los enigmas y que le permiten obtener la autorización del padre de la novia para casarse.


Aquí nuevamente el héroe es puesto ante una situación vital como el matrimonio, pero el padre de la pretendida se convierte en un obstáculo casi infranqueable. Por esto es que surge como quien pone las pruebas para acceder a la virilidad como iniciador y con riesgo para su vida, pero la aparición del espíritu de su abuelo le otorga el poder de hacerse invisible. Así es que otra vez se accede a la cadena de los ancestros como transmisores simbólicos de la masculinidad y que en este caso la invisibilidad supone la espiritualización y la muerte, es decir entrar a un territorio de lo inconciente y a un mundo de valores del espíritu para poder convertirse en adulto y esposo. Las adivinanzas que debe responder son las pruebas iniciáticas en sí y las respuestas que obtiene del padre de la novia, es decir que en definitiva le son transmitidas por este, los conocimientos específicos a los que accedían quienes debían pasar por tales situaciones. Por lo tanto, el relato presenta toda una serie de símbolos que despiertan en los oyentes un conjunto de imágenes y dinamismos que permiten encarar creativamente un saber hacia la masculinidad. Si bien hace a la cultura mapuche, este cuento se halla con variantes en las más diveras regiones del planeta, circunstancia que señala la necesidad de su existencia y de su poder motivador.
Así es que estos cuentos es posible entenderlos como una expresión de un sustrato de la psíque que es el inconciente colectivo y especialmente de sus arquetipos. Y como los sueños que tienen un sentido que propende hacia un despliegue autorregulador de la energía psíquica o libido, y por esto tiende a un proceso de desarrollo evolutivo que lleva a un encontrarse consigo mismo, de llegar a ser quien auténticamente se es, los relatos y mitos también muestran cómo enfrentar y superar situaciones existenciales y especialmente aquellas que hacen a los momentos de pasaje y de transformación. Los conocimientos y las fuerzas de la vigilia no son suficientes para encararlas, pero solo la intervención de la cadena de los ancestros da la ocasión para enfrentar exitosamente las pruebas, uniéndose a un fluir que supera su peculiar situación individual. En el primer cuento el hacha desciende del cielo y es enviada por el dios Pillán, mientras que en el segundo la intervención del espíritu del abuelo muerto le permite hacerse invisible para solucionar los acertijos, convirtiéndose ambos en auxiliares fundamentales.
Mundo de varones con sus distintivos y característicos valores, espirituales y materiales y que hacen al tesoro cultural de los pueblos. Su paulatina desaparición a consecuencia de la globalización tiende a cerrar a lo masculino en falsos estereotípos que dificultan el despliegue de sus cualidades creadoras. Solo los varones más viejos inician a los varones más jóvenes y que psicológicamente significa que se actualizan potenciales que hasta ese momento se encontraban latentes y solamente en tanto se den las oportunidades culturales y sociales para su desarrollo. La ausencia de padres dificulta la asunción de la virilidad, quedando el joven sujeto al deseo materno y a un centramiento yoico y narcisista.
Para el varón el acceso a ese universo simbólico se presenta como la ocasión de un nuevo nacimiento, es decir de liberarse definitivamente de las sujeciones con sus padres para entablar un diálogo con los transpersonales y además, de poder insertarse en una cadena que posteriormente transmitirá a las generaciones más jóvenes aquello que se ha dado en llamar masculinidad.
Para terminar quisiera hacer mención a dos sueños tenidos hace dos días. En el primero estaba en una especie de mesa familiar con mi primo Carlos a quien le decía que yo tenía el escritorio de mi tío abuelo Enrique, que había sido entre varias cosas policía. Ahora era mío, como una herencia.
En el segundo me encontraba en el estadio de Huracán y cuando voy a entrar un policía me dice que debo quitarme las zapatillas para hacerlo. Le digo que no y entonces se pone muy alterado y me apunta con el arma en la cabeza. Otro policía que estaba a su lado trata de calmarlo y recurro a unos jóvenes que estaban a mi lado, pero me ignoran.
Así en los dos sueños se dan temas semejantes a los que tratamos en los relatos, es decir la iniciación, la herencia, la figura paterna peligrosa pero que es la que inicia con sus obstáculos. Por esto es que los sueños y los cuentos se hallan entretejidos con la misma trama.

viernes, 11 de junio de 2010

¿Por qué se equivocó Freud?

Sigmund Freud con su novia Martha Bernays.





En mi última depresión seria la tomé (la cocaína) de nuevo y una pequeña dosis me llevó a las alturas de manera prodigiosa. Ahora me atareo en buscar bibliografía para un himno de alabanza a esta sustancia mágica. Carta de Sigmund Freud a Martha Bernays, 2 de Junio de 1884.


En una de las cartas que Freud le escribe a su novia Martha Bernays en 1884 le dice en tono jocoso: Y si te atreves, veremos quien es más fuerte, una dulce chiquilla que no come lo necesario o un hombretón fogoso que lleva cocaína en el cuerpo. (2 de Julio de 1884). Asimismo propone que este alcaloide le sea suministrado a toda persona, ya que lo considera como una sustancia muy efectiva para el tratamiento del asma, el alcoholismo, algunos trastornos cardíacos, la depresión, la ansiedad, la anemia. Es decir que la consideraba como una panacea que podría aliviar todo tipo de enfermedades.
En julio de 1884 publica Sobre la coca, en donde resalta las cualidades de esta droga y señalando su poder anestésico local. En septiembre y octubre de ese mismo año, el médico Karl Koller comenzará a utilizarla en cirugía oftalmológica por primera vez e iniciando su difusión a través de sus publicaciones, y que constituye un hecho significativo en esa especialidad de la medicina. Por otra parte, Freud en1885 da a conocer su trabajo Contribuciones al conocimiento de los efectos de la cocaína y en 1887 publica Anhelo y temor de la cocaína.
A su vez comienza a suministrarle esta droga a su amigo y en parte su sostén económico, el médico von Flusch -Marxow quien era adicto a la morfina. Pensaba que podría mitigar los efectos del síndrome de abstinencia, pero esto no solo no ocurrió sino que aquel desarrolló una adicción a la cocaína. También entendía que la mejor forma de ser administrada era por vía inyectable, circunstancia que demostró ser un error.
Hasta mediados del año de 189o Freud consumía cocaína para mejorar sus estados depresivos y la angustia, en especial la que le ocasionaban los encuentros sociales con figuras de relieve como su admirado maestro Charcot. En una de sus cartas le escribe a su novia que le envía varios frascos con la droga para que los tome y en donde resalta sus peculiares cualidades beneficiosas.
Ahora bien, ¿qué hizo que un hombre tan genial como Freud cometiera errores tan graves y principalmente llegando a negar las consecuencias negativas que ese alcaloide tenía sobre el organismo?. Una posible respuesta puede ser considerada en que todo aquello se inscribe en una fantasía o fantasma inconciente y que ya preanunciaba de manera embrionaria su futura actividad creadora y cuyo mayor logro será el psicoanálisis.
Pero para poder fundamentar esto es necesario llegar a los orígenes de la droga y las noticias que obtiene Freud de que un médico militar alemán, Theodor Aschenbrandt, le proporcionaba cocaína a sus soldados bávaros a fin de soportar el cansancio y el abatimiento. Su interés por estos hechos hace que comience a experimentar con ella y llega a descubrir los efectos anestésicos de la sustancia. Pero esta no solo era un componente químico, sino que supuso la proyección sobre ella de factores inconcientes que lo condujeron a distorsionar de manera significativa las acciones y efectos de la droga.
Cuando da comienzo a estos estudios, Freud era un médico que iniciaba su carrera y con apremios económicos importantes, circunstancia que lo lleva a retrasar la boda con su prometida. Tampoco se encontraba definida su vocación. Como antes hicimos mención, sus estados depresivos intermitentes y su necesidad de reconocimiento son aspectos muy destacados en esos momentos de su vida. Son llamativas en ese período sus constantes referencias al dinero, al poder, prestigio, fama, honor, reputación, celebridad, etc. y tal como lo escribe en sus cartas, y que muestran un estado narcisista o de inflación importante. Pero entonces, ¿qué lo lleva a atribuir a la droga propiedades de las que carece?. Y aquí hay que señalar, además de los motivos inconcientes de Freud como algunas dificultades en la relación con su novia, de cierta inseguridad en su imagen masculina también jugaron variables que atravesaban esos tiempos y que hacen a lo socio-histórico-cultural y que es allí donde se dará el gran aporte del maestro vienés.
Es decir, la fantasía de la cocaína vehiculiza factores que van a señalar a un ámbito cultural en donde se expresan contenidos que van a modificar y romper con una concepción del mundo establecida, y que Freud aportará con sus descubrimientos psicoanalíticos y muy especialmente con todo lo referente a lo inconciente. El yo es destronado para ser dependiente de otras fuerzas que lo relativizan, situación que supone una nueva revolución copernicana.
Una nueva visión del hombre comienza a gestarse y que ya se preanunciaba en esos errores hasta la casi atribución de propiedades mágicas a una sustancia química. Nuevas formas de pensr y de sentir comienzan a sustituír a las antiguas, pero aquello que aparece no es la luminosidad de lo conciente y de lo racional, sino todo un mundo oscuro, que se halla oculto y enterrado en lo profundo del psiquismo.
Lo que emerge de lo inconciente y que Freud lo inaugura, conlleva lo rechazado, excluido tanto por lo personal como por lo social y lo colectivo. La imagen del hombre cambia, ve otros rostros que no conoce y que le atemorizan pero que son parte constitutiva de él mismo.



Esto que aparece es a lo que aludían los antiguos alquimistas cuando hablaban y escribían acerca de un espíritu que se hallaba en el interior de la materia y al cual intentaban liberar. Se conformaba como un ser desconocido que integraba los más variados pares de opuestos como lo masculino y lo femenino, lo oscuro y lo claro, lo suave y lo áspero, etc., siendo todas estas polaridades propiedades características de lo inconciente, en donde coexisten simultáneamente las paradojas más extremas.



Asimismo entendemos que la fantasía que se movió alrededor de la cocaína supuso un comenzar a percibir y detectar al núcleo más importante del psiquismo, el sí-mismo. Su creencia en las cualidades de casi un remedio universal, de panacea, supone la proyección de un fantasma que era similar a las propiedades que los alquimistas le atribuían a la piedra filosofal, ese algo que nunca fue definido con precisión y al que se buscaba para la cura de todos los males. y que hoy podríamos designar como lo inconciente. La numinosidad de aquella es característica de la constelación de un arquetipo que fascinó a Freud y que de algún modo termino identificándose con él, situación que conlleva la aparición de rasgos megalomaníacos y de exaltación narcisista en el médico vienés.



Pero de la hybris se pasa a la nemesis, es decir a la culpa y a la caída. Estas acompañaron a Freud durante mucho tiempo, circunstancia que se detecta en algunos de sus sueños más significativos y tal como el que registra en su magna obra La interpretación de los sueños y que lleva el nombre de el sueño de Irma.



Así es que la fantasía que giraba alrededor de la cocaína sacó a la luz todo un conjunto de fuerzas e imágenes que pueden llevar al hombre tanto a su plenitud como a su destrucción, a su evolución como a su regresión, y no debemos dejar de mencionar las cualidades paradójicas que Freud le atribuía a ese alcaloide sea de estimulante como de relajante. Pero en especial lo remite a algo numinoso, a un espíritu vital que anima todo y que no está en poder del hombre, pero con el cual debe necesariamente llegar a un entendimiento para que en su vida las cosas marchen bien.



Esto a lo que le asignaba estas peculiares propiedades anticipará su concepción de la sexualidad como motor del psiquismo. Se introduce algo que estaba reprimido y oculto y del cual emanan contenidos imaginativos y dinamismos que obedecen a sus propias leyes más allá de la voluntad del sujeto. El sí-mismo con sus antagonismos y su autonomía con respecto a la conciencia, ya se describe como una conformación de opuestos en donde lo masculino y lo femenino son un componente central, destacando a la sexualidad como núcleo principal, aunque con características también simbólicas.



Entendemos que en los graves errores que en relación a la cocaína cometió Freud operaban factores inconcientes distorcionantes pero que en ellos comienzan a detectarse y a gestarse lo que más tarde no solo será su vocación sino todo un sistema de pensamiento que revolucionará los más diversos ámbitos de la cultura.



Pero lo que no puede dejar de mencionarse es la numinosidad que emanan de estas imágenes arquetípicas y que condujeron a su identificación con ellos, cayendo en un estado de casi endiosamiento narcisista o médico brujo. El sí-mismo tomo posesión del maestro, circunstancia que no dejará de ser meditada en toda su obra posterior y con el desarrollo de conceptos tales como el de narcisismo, omnipotencia, madre fálica, complejo de castración, etc. Así es que Freud comienza a otorgarle un contenido psicológico a esa experiencia embriagante de la cocaína, es decir da inicio a una desidentificación con aquello inmediato y a tomar una distancia de mediatez y simbolización que le posibilita objetivar y comprender esos contenidos fantasmáticos e imaginativos que en esa sustancia se proyectaban. Se psicologiza eso que solo se vivenciaba, se creaba alma, al decir de James Hillman.



Ahora bien, pensamos que su aporte insustituible será el de haber dado comenzado a comprender aquellos factores inconcientes que no solo se situaron como causa para una renovación de la ciencia y en especial de la cultura, sino también el de haber puesto ante los ojos de los hombres sus facetas más oscuras, ocultas por máscaras de civilidad y de las que no es posible desentenderse sin consecuencias para la salud. Su concepción de la cocaína como una panacea, remedio universal, como una sustancia química que pudiera llevar alivio para los sufrimientos psíquicos de los hombres, no dejará de persistir durante toda su vida. Sus errores estuvieron teñidos por estas factores inconcientes y que van más allá de una interpretación en referencia a su vínculo con su madre, ya que se inscriben en la aparición de lo nuevo y renovador a nivel socio-histórico y que indica cómo los procesos creativos poseen una altísima carga libidinal y que desde este estado confuso, de prima materia, al decir de lo filósofos de la naturaleza, pueden dar lugar a desarrollos de inmenso alcance cultural. Estos errores que cometió abrieron caminos nuevos y revolucionarios, pero asimismo alertan sobre los peligros cuando el yo se identifica con esa porción de la psíque que es lo inconciente. En la década de 1880 se acusó a Freud de haber desencadenado la tercera plaga (las otras dos eran el alcohol y la morfina) por un colega suyo, el Dr. Elenmayer, pero lo que en verdad ocurrió fue que abrió la botella en donde dormía oculto y encerrado el espiritu de lo oscuro y nocturno, mercurial, aunque siempre presente en guerras, síntomas y sufrimientos de los hombres.

viernes, 4 de junio de 2010

Póiesis: el arte, el amor, el alma.




Para F.



Existe una experiencia de fundamental importancia en el ámbito de lo psicológico y que hace tanto a la salud como al camino para encontrarse consigo mismo y es la vivencia de lo estético. Hunde sus raíces hasta la profundidad del fundamento del ser humano y es ese lugar donde confluyen los dinamismos propios de lo inconciente. Pero una de sus facetas más misteriosas e inquietantes es el amor. Soplo divino, mariposa hermosa que nace de la crisálida, baña con vida a los objetos del mundo, sentimientos que nos resultan extraños por sus cualidades, universo de imágenes que nos sacan de lo árido cotidiano para introducirnos en las más terribles oscuridades y elevarnos a la contemplación de la belleza más excelsa, como le sucedió al poeta cuya patria amada era Florencia.

Lo bello, lo inconciente, el alma, son algunas de sus manifestaciones más importantes y en donde asalta lo impremeditado, lo espontáneo, es más, aquello que rompe con el logos discursivo, lo útil, donde lo que se manipula no tiene cabida en este espacio, ya que se expresa una porción del ser en que algo habla y se muestra, en que el artista, el amante y el místico sufren, padecen la irrupción de algo que evoca un mundo diferente de lo cotidiano.

Lo estético, lo bello, hacen a un sentimiento y a una revelación de algo vital que se se encuentra en dificultades con lo normativo social, situación que las formaciones de lo inconciente ponen de manifiesto a través de los sueños, los actos fallidos, los enamoramientos.

El arte toca fibras muy hondas ya que es el territorio de la imaginación y de las imágenes y donde el artista se hace vacío para que aquellas comiencen a formarse y a moverse. Cosa semejante al amor en que somos heridos y a partir de esto el yo se descentra y comienzan a surgir toda una serie de vivencias que hasta ese momento eran desconocidas.

Instantes de creación, de éxtasis y que algunos cultores del arte han vivido y padecido, ya que a través de sus cuerpos algo es dicho. En la psicología analítica aquello que se convierte en medio, en conducto para percibir a través de las imágenes y de las fuerzas de lo inconciente arquetípico se le otorga el nombre de anima.

Lo inconciente se despliega, y la mayoría de la veces con prepotencia y sin importarle las máscaras que nos ocultan y protegen. Es más, disuelve, rompe y las fractura y a través de sus grietas es posible ver esos rostros propios que desconocemos. El artista desciende, baja a las profundidades de lo inconciente matricial en donde se activan los gérmenes creativos, generando una vivencia de gran intensidad y a la cual dedicará su maestría y oficio. La creación rompe con los hábitos para arribar a las aguas que disuelven las formas para recrearlas.

Pero lo que se abre es el mundo interior, la subjetividad, y en donde a través de los colores, las lineas, sonidos, palabras, el ser se ilumina. Algo diferente de la razón y de la lógica de la vigilia emerge. En el amor sucede algo semejante, alguien me fascina, me desquicia, me saca del centro y de mis máscaras narcisistas habituales. El mundo se vitaliza y se puebla de nuevas significaciones a partir de la persona amada. Y esta cataliza, estimula otra imagen y que es propiedad del amante, que es su alma. Y ella se mueve según sus propios ritmos cambiantes, desafiando a las costumbres y a lo acostumbrado, da vida, aunque siempre desde un sentirse impelido, de algo que hasta llega a no quererse pero se impone con prepotencia.

Asimismo y en relación con el arte, el enamoramiento suscita, como en aquel, un fluir de imágenes, haciendo que se comience a tomar conciencia del mundo interior. Ya no hay solo un volcarse hacia afuera, sino en percibir y experienciar lo imaginario en esas sensaciones, sentimientos vagos e indefinidos, extraños, en ese llamativo rasgo de ese rostro que fascina e inquieta y en el que se revela un aura que solo el enamorado o el místico perciben. Mundo transfigurado como lo realiza el arte, pero ya no en una tela, en una melodía, sino en el cuerpo de la amada.

Ahora bien, en la anteriores experiencias, habría que buscar un factor común entre aquellos, aunque en sus expresiones aparezcan muy distintas, siendo ese elemento lo que en la psicología analítica denominamos anima. Es decir, aquello que anima, da vida, expresa las imágenes, ya que es imagen, rompe con lo rígido y lo habitual, disuelve al amante tanto como al artista en esos momentos de intuiciones que se acercan a lo genial. Jung también la llamaba alma y aunque parezca que este término rehuya a la cientificidad, lo hace expresamente para acentuar aquello que no puede ser reducido a lo conceptual, sino que es una experiencia a vivenciar.
Van Gogh decía que podría renunciar a todo menos a crear, y esto es el amor por su alma, por aquello que se agita y que lleva a donde no se quiere ir. Promesa de delicias, como el amor, aunque también de indescriptibles sufrimientos pero que conforman el transcurrir por la vida y hacen que esta adquiera un sentido. Aventura de peregrino que se despoja de todo, menos de su arte y de su alma. Posibilidad de encontrar fuerzas y símbolos en la interioridad de cada uno y que hacen que nos sintamos entusiasmados, es decir salidos de sí y donde la distancia entre el hombre y el dios se hace indiferente.
La alienación social prohibe el alma, el arte y el enamoramiento nos la devuelven y por eso es que toda cultura rígida contemple como valor a alcanzar la eficiencia, el poder, la distancia emocional y la falta de compromiso. Pero por fortuna la herida se abre en el arte y en el amor y desde donde emerge lo que cura y salva. En ambos hay que saber extraer las dulces gotas de sabiduría que ahí se destilan, pero para ello el amante, el artista y el místico deberán emplear sus más agudas facultades para intuir aquello que otorga vida y sentido a la existencia.

jueves, 27 de mayo de 2010

Notas sobre algunos sueños como inicio en el proceso creativo en Franz Kafka.

Franz Kafka y Felice Bauer.




El desarrollo de la personalidad es un proceso dinámico que conlleva una dialéctica entre aquellos componentes propios que la integran. Pero para ello es necesario que tanto el yo como ese centro que le es supraordinado, como el sí mismo, entablen un diálogo que otorgue la posibilidad de una evolución que en la psicología analítica se denomina proceso de individuación.
Las diferentes circunstancias constitucionales, familiares, socio-culturales e históricas se van a constituir en la situación y en el territorio donde la persona, y por el hecho de ser arrojada, va a adquirir unas peculiaridades en su estructura de personalidad y que conformarán una manera específica para enfrentar la vida, tanto externa como interior.
El sí mismo aparece como el centro organizador y dinámico del psiquismo, pero al que le es indispensable una instancia dotada de conciencia como el yo, que imprimirá una conformación y las integrará a las distintas expresiones de lo inconciente como son las imágenes y símbolos arquetípicos, sean individuales o culturales como mitos, leyendas, etc. Así una de las principales manifestaciones del selbst serán los sueños, siendo estos la manifestación de la energía psíquica y que lo hacen a través de las representaciones simbólicas y en una relación compensatoria con los valores, sentimientos, ideales del yo conciente. Son lo vital que tienden equilibrar y a establecer un desarrollo psicológico con carácter energético y finalista. Las imágenes de los sueños no solo expresan las situaciones psíquicas de importancia para la persona en sus diferentes crisis y conflictos, sino que pueden señalar un camino para su superación.
Partiendo de estos postulados nos dedicaremos a estudiar algunos de los sueños de Franz Kafka (1883 -1924) y que él mismo relata en el diario que escribe entre 1910 y 1923. Allí se expresan imágenes arquetípicas como la sombra, el anima, lo paterno, lo materno, sus miedos, deseos, pero en especial, y este es el carácter del trabajo, cómo la vocación de escritor comienza a afirmarse y establecerse como lo más importante en su vida y en donde es posible percibir un ingreso, una inmersión, en toda una zona arquetípica que hace a la fuente de los procesos creativos. Asimismo esta tarea se convierte en interesante ya que los sueños y sus escritos a través de relatos poseen un cariz semejante y con una estructura similar. Por ello es que podremos percibir a través de esta introducción y en un período que comprende entre 1911 y fines de 1913 no solo como se van delineando algunos de los conflictos y peculiaridades de la personalidad de Kafka, sino que suponen el inicio de una actividad que sienta los fundamentos para la creatividad de uno de los mayores escritores de todos los tiempos.
Los Diarios constan de un total de treinta y un sueños y que se dan entre los veintitrés y los cuarenta años. Los primeros de ellos que comienza a registrar son del mes de octubre de 1911, y en le primero alude a un descenso a los infiernos, donde penetra en lo inconciente, en el campo simbólico de la Gran Madre. Esto es muy semejante a lo que narran el mito del héroe donde su travesía comienza por el ingreso a una zona peligrosa y desconocida donde se encuentran aquellas fuerzas e imágenes que en su vida conciente no dispone. Es de recordar que en el año 1912 Kafka descubre su mayor pasión: la escritura. Por ello es que esto coincide con los sueños que va registrando siendo una manifestación del proceso de individuación, y en uno de ellos relata que camina por un pasillo donde ve una hilera de habitaciones muy parecidas a un burdel, con escaleras que suben y bajan y en donde comienza a tocar a una prostituta con placer, para descubrir con horror que en su espalda tiene una manchas rojas. Asimismo aparecen personajes masculinos de baja condición pero que simpatizan con él, que en principio causábanle temor. Como antes decíamos, se representa un ingreso en un sector de la psíque donde el yo deja de lado sus referencias identificatorias, es más se siente impelido a abandonarlas, y en que hay un intento de entablar una relación con el arquetipo del anima, es decir lo femenino inconciente, pero que señala ciertos reparos por lo que le observa en su espalda. Hay que indicar que el rojo es el color de los sentimientos y de la pasión, siendo muy probable que suscitaran temor en el escritor, por esto es que el sueño finaliza con su amigo Max revolviendo dos papas y hundiéndolas en un plato de sopa, símbolo de lo sexual y que Kafka delega en otro personaje. Tampoco hay que dejar de mencionar al hombre de cualidad inferior que se presenta en el burdel con temor para el escritor y que termina como alguien con quien simpatiza, expresando este a la sombra, aquel arquetipo que conlleva todo lo reprimido de la vida conciente y que genera angustia. La unión de lo masculino y femenino hace a lo que se denomina conjunción, término que expresa la reunificación de lo conciente y de lo inconciente y que comienza a manifestarse en este sueño de Kafka, aunque delegándolo a otro personaje, hecho que era frecuente en la relación con la mujer.
Otros tres sueños de interés son aquellos en donde en uno de ellos ve un asno con pies de hombre muy largos y que se asemejaba también a un galgo, agradándole mucho. Luego sigue otro en donde conoce a un inglés que tiene la cara tapada con un género en el que solo ve los ojos y la boca, que se siente bien con él pero que no debe aceptar una invitación que le hace. En el último de ellos está con dos amigos prestos para partir en ferrocarril, pero que se detienen tanto en la ropa que deben llevar en sus baúles que perderán el tren.
Así es que aquí habría que detenerse para visualizar ese ingreso en lo inconciente que antes mencionamos y en donde la figura del arquetipo anima como prostituta expone cualidades que hacen temer al soñante, al igual que el hombre del burdel y al que puede darsele el nombre de sombra y que se presenta en el prostíbulo, igualmente como en la figura del asno con pies largos, acentuando lo fálico pero también de escaso desarrollo, el inglés de la cara tapada y en donde hay una ambivalencia entre el deseo de conocerlos y el temor a entablar relación con estos personajes que suponen aspectos oscuros, sombríos, eróticos de la vida y que no parecen estén integrados en la experiencia de Kafka, circunstancia que queda señalada por la escena donde pierde el tren por un celo excesivo por la ropa-máscara, que hace a los convencionalismos que carga como la metáfora del equipaje en el sueño.
Ya en noviembre de ese año también comenta un sueño en donde comienza con una muchacha que se aferraba aterrorizada al respaldo de una butaca en un teatro y que en la obra que se representaba tenía un papel masculino. Continúa con una escena con una serie de plazas circulares, que son símbolos mandálicos, de totalidad y de integridad, y donde finaliza con el derrocamiento revolucionario de una monarquía en un gran movimiento de masas humanas y con una pareja que pasea por ese lugar. Así en estos símbolos pareciera que se da una gran animación de lo inconciente y especialmente un cuestionamiento de todo aquello restrictivo, y que hace a los hábitos y valores morales que están dentro de la órbita de lo paterno a fin de hacer una transformación. Es de sumo interés los dos jóvenes que llevan a término al sueño ya que implica nuevamente la idea de la conjunción de lo masculino y lo femenino y que ya estaba anunciada en las plazas circulares que antes hicimos mención. Es decir que hay un dejar a lo viejo y tradicional para dar curso a una integración de lo conciente y lo inconciente, no sin cierto temor ya que hay que recordar que en el inicio el personaje femenino estaba muy asustado, aferrada al respaldo de la butaca, circunstancia que señala al anima del escritor y que hace a la posibilidad de dejar cierta inmovilidad que refiere a una figura que aún posee algunos rasgos masculinos y por ello ligada a lo materno, pero luego del derrocamiento de la monarquía establece un diálogo que ya es diferente de ese comienzo.
A los pocos días vuelve a soñar con una representación teatral y donde Kafka está sentado de espaldas al escenario y allí aparece un jinete que galopa y canta y donde también aparece una joven, igualmente de espaldas, desnuda que en su cuerpo tiene una mancha amoratada. El jinete llega a un clímax con el canto para luego decaer, y finaliza cuando ve a dos críticos que comen uvas y una linterna del escenario despide chispas, que ante su temor observa que otra persona se acerca a esta para vigilarla. Así el sueño llevaría a pensar que se dan ciertas dificultades para aceptar fuerzas e imágenes ligadas a lo sexual e integrarlas a la vida cotidiana, pero que van más allá de aquella esfera de la vida, para señalar a un temor a dejarlas expandir como dinamismos vitales que pareciera temer. Es significativo que anota en el diario, debajo del sueño, la frase: esta noche me sentí lleno de posibilidades penosamente contenidas.
Posteriormente sueña con un grupo de mujeres en un bosque y de gran voluptuosidad y que nuevamente indica el ingreso en lo inconciente, ya que en el varón este tiene signo femenino. Además se continuaría con el anterior en que mencionábamos cierto reparo en el dejarse llevar por lo pasional y que en este sueño se mostraría como desarrollándose y manifestándose.
En septiembre de 1912 relata un sueño en donde está junto a su padre ascendiendo por una pared y que era muy dificultoso. Asimismo se queja de que su padre no lo ayudara, para terminar con una visita al secretario de un profesor al que su aquel conocía. Aquí se dan los motivos de la actitud ambivalente hacia la figura paterna y la gran cadena de funcionarios que este representa como lo autoritario, pero por el que también desea ser ayudado el escritor.
Un sueño de importancia es el que cuenta a los pocos días del anterior, y en donde se ve en una escollera, a su derecha barcos de guerra y la ciudad de Nueva York. Pero le resulta muy placentero cuando observa que uno largos rodillos erectos giraban en el agua. Así nuevamente se dan símbolos que hacen a lo masculino y lo femenino en una relación que recuerda a lo sexual, pero lo que es de resaltar es que esto hace a la aparición de lo creativo en el arte de su escritura, en donde se da una relación entre lo conciente y lo inconciente. Tampoco es de olvidar que la vigilancia continua de los barcos de guerra, situación que indica que no puede gozar con plena seguridad y espontaneidad de ese espectáculo por aquellas presencias amenazantes y que podrían simbolizar a lo paterno que ya se daba en el anterior sueño, pero que también es su propio mundo interno restrictivo que ha incorporado a aquella figura.
En este período, el escritor refiere en su diario sentimientos de vacío y de una falta de sentido muy intensos. Esto puede estar reflejado en un sueño donde ve a cuatro funcionarios en un ministerio francés, destacando a uno que se halla sentado a la derecha con un perfil muy plano y con una nariz prominente. Si se considera al personaje del lado derecho como el que se halla en lo conciente o mejor dicho, el que hace a una identificación del escritor con él, además de sus características fálicas, destaca lo angosto y anguloso del rostro, es decir que le falta espesor, encarnadura, vida. Esta era una situación que ya se plantea en la vida diaria de Kafka en donde pareciera estar en el aire, con distancia de lo afectivo, situación que ya se hizo mención en algunos sueños anteriores.
Unos días más tarde sueña que una muchacha le trae una carta y que él lee y que posiblemente sería de la hermana menor de su novia, Felice. Mientras lleva a cabo esta acción alguien que está sentado a su derecha mira por su hombro lo que lee y Kafka le grita: ¡NO!. Es de recordar que en este año se dan una serie de crisis muy severas con su novia y la posibilidad de expansión en la vida cotidiana de lo significaba esta relación. Esta le era dificultosa y de difícil integración hecho que expresa el sueño en su final cuando los comensales lo miran con temor cuando grita.
Así es que hemos relato especialmente en los primeros sueños en donde comienzan a manifestarse el inicio de el gran proceso creativo, donde la inmersión en lo inconciente lo lleva a la contemplación de las imágenes que ahí actúan, tal como él mismo lo dice en 1913. Su vocación despunta con toda intensidad, pero también la dificultad para entablar una relación con la mujer y donde su imago inconciente, su anima, muestra cualidades que en algunos casos le inspiran temor además de deseo.
Hay un intento de dialogar con personajes masculinos que podrían darle la fuerza y la intensidad vital de las que carece, y que él mismo se queja por su falta, pero tampoco se decide a emprender una nueva aventura existencial y en donde la unificación de los diversos aspectos de su psiquismo, no los lleva a cabo él, tal como aparece en los sueños anteriores, sino otros personajes encarnados por sus amigos que lo relevan de esa responsabilidad en la vida. Faltaría un esfuerzo para darles forma, realidad material, sangre, a lo que le señalan los sueños, pero justamente esto es lo que evade quien puso al descubierto de manera única y genial la alienación de los hombres y en que él mismo pensó que a través de la escritura podría alcanzar la redención.

viernes, 14 de mayo de 2010

Un emblema creado por Fray Luís de León como símbolo para enfrentar una situación límite.

Emblema que Fray Luís de León comenzó a publicar en sus obras a partir de 1580.


Puesto que nada que no haya sido desgarrado
puede ser único e íntegro.

W. B. Yeats.


Las experiencias que los hombres padecen en su cotidiano vivir pueden llegar a entenderse como heridas que provocan un sufrimiento intenso, y algunas veces desmoralizantes, pero también se les puede otorgar un sentido y un significado, circunstancia esta que las enmarca en un contexto de simbolización. Los símbolos posibilitan encarar desde una distancia aquellas situaciones
crudas, pero asimismo son incorporadas en una historia de vida que se transforman en la ocasión no solo superar ese sufrir, sino también como un camino de desarrollo y que en la psicología analítica se denomina proceso de individuación. Justamente esto hace a una de las funciones más importantes del símbolo en donde una plenitud de significación lo hace vitalmente fundamental para reiniciar un transitar que momentáneamente había sido bloqueado.
Pero para ilustrar este postulado haremos referencia a una circunstancia decisiva de la que fue objeto uno de los máximos escritores del siglo de oro español, Fray Luís de León (1527-1591). Durante las disputas que en la segunda mitad del siglo XVI en torno a cuestiones teológicas, filosóficas y bíblicas que acontecían especialmente en la universidad de Salamanca, Fray Luís traduce del latín al castellano y con sus propios comentarios, uno de los principales libros de la mística erótica, como el
Cantar de los Cantares y no solo lo hace a pedido de un grupo de religiosas sino que se la dedica a una de ellas. Esto desencadena que en al año de 1572 y mientras estaba impartiendo clase en la universidad salmantina sea detenido y encarcelado por más de cuatro años por la inquisición en Valladolid, para finalmente ser absuelto.
Este hecho marcó profundamente al fraile agustino, circunstancia que lo mueve a estampar en los libros que va a ir publicando a partir de 1580 el emblema que presentamos arriba. Ahí se observa un árbol y a su derecha un hacha, enmarcados en un óvalo con la inscripción en latín:
ab ipso ferro. Fray Luís comienza a utilizarlo intencionadamente como forma de desafío y enfrentamiento hacia quienes lo habían encarcelado, pero lo que nos interesa resaltar es que tiene todo un proceso de elaboración psicológica que le permite simbolizar lo sufrido en prisión, asimilándolo a su transcurrir vital y hasta como una circunstancia de crecimiento personal.
Ahora bien, los elementos simbólicos que elige no son al azar ni fortuitos, sino que se corresponden con aquellos que poseen un sentido muy importante en las producciones psicológicas y hasta culturales de los hombres de todos los tiempos y lugares. Así es que destacaremos la inscripción que rodea al dibujo. Ahí se lee
ab ipso ferro que en latín significa: del mismo hierro y que es parte de un verso mayor del poeta Horacio que dice: del mismo hierro toma fuerzas y vigor, que pertenece a su Oda 4.4.
Por otra parte el dibujo muestra a un árbol y a un hacha, aludiendo al hierro que golpea, daña, poda al árbol, pero este rebrota a partir de la herida con más vitalidad que antes. De la adversidad se hace fortaleza, podría decirse.
Pero lo interesante es que hay toda una serie muy importante de significaciones que es posible señalar en el emblema y que le da la ocasión de ubicar un suceso particular y biográfico en un contexto transpersonal y por lo tanto de transformarlo terapéuticamente. Así, para centrarnos en los detalles, hay dos elementos antagónicos: el árbol que es podado y el hacha que golpeará. El primero se manifiesta como el medio de expresión de los más amplios sentidos y en las más diversas culturas. Es portador de totalización del cosmos en sus diferentes niveles, tanto sea en su génesis como en su devenir, donde no solo está estrechamente ligado a lo agro-lunar, al árbol de la vida, sino que resalta como fuerza ascencional, verticalizante, que hace la historia en su transcurrir y con un matiz de masculinidad, mientras que el primero remite más a lo femenino, circunstancia que le da un carácter de tipo bisexual.
Pero un aspecto de importancia es que indica a lo
resurreccional, y que si bien el árbol alberga como sarcófago, tumba, cruz de la muerte, útero y lo que permanece, también expresa lo que siempre retorna a la vida de manera cíclica. Es de recordar el mito de Osiris que luego de ser descuartizado por Set sus restos fueron albergados en el tronco de un árbol por la diosa Isis para retornar a la vida.
Así esto refiere a toda una temática de lo que nace, muere y resucita, abarcando las diferentes esferas de la existencia y como símbolo de totalidad. Fray Luís los elige ya que le permite transformar ese sufrimiento padecido durante su encarcelamiento y donde puede darle un sentido y significación en diferentes planos de su experiencia vivencial, como lo que cobija y crece, ligado al ámbito de lo femenino, pero también a lo masculino que se simboliza por lo que corta y poda y que da la posibilidad de renacer.
Ahora bien, el hacha alude a lo que mutila y daña, a lo que rompe la armonía. Esto es parte de un simbolismo que es característico de las armas cortantes, aludiéndo a lo racional, a las que separan, dividen, analizan, pero que asimismo señalan a lo abstracto, lo intelectual y
duro. Es de recordar que en esos momentos había un muy intenso enfrentamiento ideológico y el hacha indica a todo un universo de actividad que es muy diferente del que representa el árbol. La obra de Fray Luís, y solo basta recordar que el libro que le cuesta su prisión fue un texto ligado a la temática de lo erótico religioso, hunde sus raíces en lo que deviene y se transforma, a lo que unifica las oposiciones y cuyo mayor medio es el amor. No podemos dejar de recordar que algunos de sus contemporáneos tuvieron graves problemas por el tratamiento que hicieron del Cantar de los Cantares. Es decir que hay toda una línea de pensamientos que el árbol, con todo lo que de vegetal y lunar expresa, presenta una ruptura con aquello que hace a lo estático y dogmático, rígido, y que es manifestado por el hacha como arma que separa y distingue, que des-une. Es importante decir que el origen de la palabra símbolo tiene sus fuentes en la griega symbolon que significa lo que compone y que señalaba a dos pedazos de un mismo objeto que podían reunirse, mientras que aquello que separa se lo denominaba diabolon, término muy cercano fonéticamente a diablo, es decir lo que aisla las partes del todo.
Por ello es que su encarcelamiento es vivenciado por el gran literato como un padecer y que es simbolizado como un momento de pérdida y mutilación. Este difícil trance del cual no le es posible evadirse, no lo experiencia pasivamente, entregándose, sino que manifiesta una actividad simbólica que le otorga un sentido, pudiéndosela calificar como de una
disposición para una experiencia iniciatica en donde hay un sacrificio que es condición para un cambio de estado de existencia. Creemos que esto se expresa en los símbolos que elige para el emblema donde el árbol ya es un instrumento de sacrificio muy cercano a la cruz cristiana, pero asimismo hace a toda una cosmovisión, a una weltanschaung, que tiende a una renovación de lo caduco y de lo rígido, a lo que transforma yque no se halla lejos de todo un simbolismo que remite a lo materno arquetípico, donde se muere para reiniciar una nueva y distinta gestación.
Fray Luís vivencia lo acaecido como un proceso de
descenso a los infiernos, de un estar sepultado en una prisión, de castración, de una vuelta a lo oscuro y a lo informe, a lo caótico, pero que es elaborada y asimilada a través de las imágenes arquetípicas a las que recurre y que no son diferentes de aquellas que relatan los mitos en donde un héroe o un dios es sacrificado, desmembrado, torturado, para desde esta experiencia terrible retornar transformado en un nuevo ser. Esto es lo que retoma Fray Luís reactualizándo esos arquetipos que van a otorgarle la posibilidad de no solo enfrentar sino superar evolutivamente lo padecido.
Esto hace a la importancia que tienen los procesos simbólicos, ya que están cargados de una
significación transformadora. La situación es una expresión de un dinamismo arquetípico y que por sus imágenes se establece una oportunidad de reanudar un curso vital perturbado y detenido. De aquí lo esencial es establecer una dialéctica integradora con las producciones de lo inconciente, ya que estas poseen una acción numinosa que conmueve al hombre, convirtiéndose en función de paso o de trascendencia de una experiencia dolorosa y traumática.
La poda del árbol, es decir el sacrificio o el encarcelamiento que sufrió Fray Luís no lo llevó a un estado de derrota o de depresión, sino a la transmisión de la libido, como energía psíquica, a un equivalente simbólico que se convierte en una circunstancia espiritual y que desde una perspectiva iniciatica podría entenderse como de un
segundo nacimiento. Pero para esto es condición ineludible que haya padecido la herida y mostrar en su cuerpo su cicatriz que recuerda el tránsito por lo oscuro hacia nuevas formas de encarar las dificultades de la vida. Entonces el hacha ya no es lo que mata sino también lo que permite una transformación, circunstancia que muestra la capacidad regenerativa del psiquismo.